Son maravillosos los encuentros fortuitos, esos que te dejan tras la despedida un sonrisa y una cara de boba que anima cualquier mojadura que causó una lluvia piojosa y “repunante”. Son maravillosas las notas que te encuentras y las que escribes tú; los mensajes recibidos y los que elaboras tú; los mails que recibes y los tuyos, “artísticos”. Son maravillosos los paseos, las puestas de sol, las fotos (las chorras y en las que sales bien); el aire en la cara, una gota de agua por la frente, un hielo que se derrite en la boca, comer un limón, comer cualquier “delicia” (una tortilla, por ejemplo, encima que alguien superespecial hizo para tí), beber tu copa, beber de la mía.... son maravillosas las llamadas a horas inesperadas y a horas buscadas. Besar, dejarte besar. Acariciar, volver a acariciar o recibir un masaje lleno de especiales vibraciones. Hay tantas cosas..... pequeñas cosas que tan bien nos hacen sentir, pequeñas cosas que merecen la pena. ¿Verdad jocosa? Todo esto sin dinero, o casi. Puto dinero, leí en la calle, cerca de mi casa. Y qué razón, no?
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